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5 de septiembre, un día para conmemorar la incansable lucha de las mujeres indígenas

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer indígena debe llevarnos al día en que la mujer originaria decidió abrir su corazón y alma para entender el dolor de la tierra y decir no más al inquisidor español. La razón es que esa herencia judeocristiana llegó a imponer un pensamiento de humillación hacia el hombre, a callarse porque Efesios en algún momento reveló que la mujer debe ser sumisa a su esposo. Hoy nos acordamos de la mujer Aymara Bartolina Sisa quien decidió enfrentarse al invasor y girar el curso de la historia.

Hoy 5 de septiembre se cumplen 241 años, cuando el usurpador español Francisco Tadeo Díaz de Medina en Bolivia ordenó que se atara a la cola de caballo y fuese arrastrada vilmente hasta la horca. Bartolina era una de las mujeres que había dirigido muchas luchas para libertar de la opresión española tomando en su mano un fusil y así organizando batallones populares contra el imperio español.

Todas esas violencias se vivían en todo el continente mal llamado América, donde Colombia no fue ajeno a esos atropellos. Hasta hoy día, uno de los países con más naciones indígenas en América Latina, ha sido el foco de violencia de exterminio biocultural en el mundo. El Observatorio de Derechos Territoriales de los Pueblos Indígenas (ODTPI) de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas he demostrado en cada informe que el problema en Colombia es la tenencia desigual de la tierra para propósitos mercantiles de explotación, y que a su vez ha conllevado que los pueblos sean despojados a través de diferentes tipos de violencias sistemáticas. En estas luchas constantes, la mujer, además de ser cuidadora de vida, se ha tomado espacios que por mucho tiempo fueron de los hombres, para levantar la voz y defender el territorio.

Es así como resaltamos la labor de cada mujer que se encuentra con su azadón en la montaña, a la mujer que pesca, a la mujer que teje, a la mujer que estudia y marcha, a la mujer que lidera cargos públicos, a la mujer que es madre, a la mujer que no es madre, a la mujer artista; a la mujer que es vida. Cada paso que dan nos hace entender que nuestras cosmovisiones son tan diversas como los colores del arcoíris, tan profundos como los mares que guardan corales finas en su vientre, son tan blancos como los nevados que resguardan en su ser ese pálpito de vida en cada gota que baja en forma de río. Es esa serpiente que bordea la noche acariciando con su piel helada cada tronco de la selva.

La CNTI en el andar se ha dado cuenta de que la mujer guarda en su corazón un sueño llamado vida. Cada guagua que gatea al lado del fuego, cada joven que cultiva el ñame, cada mujer que hila con su macana la vestimenta, el hombre que enrolla la caña de iraca en sus manos, el mamu que poporea en lo alto de montaña, es el sueño de una mujer que algún día fue custodiado dentro de su vientre. Son las mujeres quienes, en silencio, muchas veces bajo el dominio patriarcal, han mantenido por miles de generaciones el legado ancestral, que hoy llamamos naciones.

Hoy desde la Comisión Nacional de Territorios Indígenas conmemoramos este día histórico y ratificamos que el territorio es nuestra madre que tanto hemos defendido de los usurpadores. Desde los ríos, mares, nevados, selvas, páramos, lagunas estamos para amar y cuidarla y que el mundo debe entender que la relación con el territorio debe sentirse desde el alma, no desde el despojo.

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