Exigimos cumplimiento inmediato de las órdenes judiciales en favor de la comunidad Mame Ñata Umuguse del Pueblo Zio Bain

Exigimos cumplimiento inmediato de las órdenes judiciales en favor de la comunidad Mame Ñata Umuguse del Pueblo Zio Bain

La comunidad Mame Ñata Umuguse, del Pueblo Zio Bain, asentada hoy en Puerto Asís, Putumayo, enfrenta una situación crítica derivada del desplazamiento forzado de su territorio ancestral en el Resguardo Zio Bain Buenavista. Su situación refleja una afectación prolongada a sus derechos territoriales, a la reparación integral colectiva y a las condiciones materiales necesarias para la pervivencia del pueblo.

La falta de una respuesta efectiva por parte del Estado ha profundizado la vulnerabilidad y convertido el desplazamiento en una forma continuada de revictimización. Los hechos victimizantes asociados al conflicto armado rompieron su relación con el territorio y la obligaron a permanecer en un espacio insuficiente, marcado por condiciones de vulnerabilidad que afectan el desarrollo comunitario, limitan la soberanía alimentaria y ponen en riesgo la continuidad de sus formas culturales y espirituales. A ello se suma la persistencia de actores armados en la zona, lo que sigue representando una amenaza grave para sus derechos humanos.

La situación de esta comunidad no puede leerse solo como un problema de ubicación física. Se trata de una afectación estructural a sus derechos territoriales y a su existencia colectiva como pueblo indígena. El territorio no es un simple lugar de residencia. Es la base material, cultural y espiritual que hace posible la vida comunitaria, el gobierno propio, la producción de alimentos, la transmisión del conocimiento y el equilibrio de la relación con la naturaleza. Cuando ese territorio se pierde o no puede ser restituido en condiciones adecuadas, la vulneración no es parcial: compromete la pervivencia física y cultural del pueblo.

En 2019 fue aprobado el Plan de Reubicación de la comunidad como víctima del conflicto armado, y se iniciaron gestiones ante la Agencia Nacional de Tierras (ANT) para la adquisición de predios que permitieran la constitución de su propio resguardo. Sin embargo, ni las acciones previstas en ese plan ni los procesos de adquisición y formalización territorial han presentado avances concretos por parte de las entidades responsables, en particular la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV) y la Agencia Nacional de Tierras (ANT). Esta inacción ha prolongado la vulneración de derechos y ha producido una nueva revictimización, al mantener a la comunidad sin acceso efectivo al territorio y sin reparación integral colectiva.

Frente a esta situación, y en coordinación con la autoridad del Cabildo y la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI), se interpuso una acción constitucional de tutela. En diciembre de 2025, la Sala de Familia del Tribunal Superior de Bogotá falló en segunda instancia a favor de la comunidad. La sentencia reconoció la vulneración de sus derechos y ordenó a la ANT y a la UARIV avanzar de manera articulada en los procesos territoriales y de reubicación, fijando tiempos concretos para el cumplimiento de esas obligaciones. Esta decisión no deja lugar a ambigüedades: el Estado tiene el deber de actuar, coordinar y garantizar una salida real a la situación de la comunidad.

Sin embargo, a la fecha las órdenes judiciales se encuentran en desacato. La ANT y la UARIV no han cumplido los tiempos estipulados por el tribunal, manteniendo abierta la vulneración y prolongando una situación que ya ha sido reconocida judicialmente como contraria a los derechos fundamentales de la comunidad. Esta falta de cumplimiento no solo compromete la responsabilidad de las entidades demandadas. También pone en evidencia la distancia entre el reconocimiento formal de los derechos y su garantía material.

Desde la comunidad Mame Ñata Umuguse, el Pueblo Zio Bain, la CNTI y sus delegados indígenas hacemos un llamado urgente a la ANT y a la UARIV para que cumplan de manera inmediata con las órdenes emitidas por el Tribunal Superior de Bogotá. Exigimos que se avance sin más demoras en los procesos de reubicación, adquisición de tierras y constitución territorial que permitan restablecer el derecho al territorio y garantizar la reparación integral colectiva. No se trata de una solicitud discrecional ni de una medida asistencial. Se trata del cumplimiento de obligaciones constitucionales y judiciales dirigidas a proteger la vida, la dignidad y la continuidad de una comunidad indígena víctima del conflicto armado.

¡Defender los territorios es defender la vida!

Primera semana de la 64.ª sesión de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Primera semana de la 64.ª sesión de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Entre el 8 y el 12 de junio se desarrolló en la ciudad de Bonn, Alemania, la primera semana de la 64.ª sesión de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), uno de los espacios más importantes del proceso multilateral sobre cambio climático.

En este escenario se reúnen los Estados Parte, organismos científicos, agencias de Naciones Unidas, organizaciones de la sociedad civil y representantes de los Pueblos Indígenas para avanzar en el trabajo técnico y político necesario para implementar los acuerdos alcanzados en la COP30 y preparar las decisiones que deberán adoptarse durante la COP31, que se realizará en Antalya, Turquía en el mes de noviembre de 2026.

La Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI), a través de la Secretaría Técnica Indígena y en articulación con las organizaciones indígenas que la conforman, participamos activamente en las sesiones de trabajo del SB64, así como en reuniones de coordinación y espacios de incidencia del Foro Internacional de los Pueblos Indígenas sobre Cambio Climático (FIPICC), posicionando las preocupaciones y propuestas de los pueblos indígenas frente a los principales debates climáticos globales.

Los territorios indígenas en el centro de la acción climática

Las discusiones de la primera semana estuvieron marcadas por temas estratégicos como la adaptación al cambio climático, la transición justa, el financiamiento climático, la agricultura, los océanos, la biodiversidad y la transición hacia sistemas energéticos libres de combustibles fósiles.

En todos estos espacios reiteramos que la acción climática no puede separarse de la garantía de los derechos humanos y de los derechos colectivos de los Pueblos Indígenas, en particular de los derechos territoriales, la libre determinación, los sistemas de gobierno propio y los conocimientos tradicionales que durante generaciones han contribuido a la protección de la biodiversidad y al equilibrio climático. En coherencia con el mandato de los delegados indígenas de la CNTI, insistimos desde la Secretaría Técnica Indígena en la necesidad de fortalecer el reconocimiento jurídico y la protección efectiva de los territorios indígenas terrestres, costeros y marinos, entendiendo que constituyen una de las principales barreras frente a la deforestación, la pérdida de biodiversidad y los impactos del cambio climático.

Avances y desafíos en las negociaciones

Uno de los temas más relevantes fue la discusión sobre el futuro Mecanismo de Transición Justa, una herramienta que busca apoyar a los países en sus procesos de transformación económica y social frente a la crisis climática. Las negociaciones evidenciaron diferencias importantes entre “países desarrollados y países en desarrollo”, particularmente en torno al financiamiento, la transferencia tecnológica y el fortalecimiento de capacidades.

Mientras los países del Sur Global insistieron en la necesidad de contar con recursos nuevos y adicionales para implementar las transiciones justas, varios “países desarrollados” plantearon enfoques más centrados en la coordinación institucional y el intercambio de conocimientos.

Los Pueblos Indígenas destacamos la importancia de garantizar una participación plena y efectiva en la gobernanza de estos nuevos mecanismos, así como el reconocimiento de nuestros sistemas de conocimiento y de formas propias de gestión territorial.

En materia de adaptación, seguimos de cerca las discusiones sobre la implementación del Objetivo Global de Adaptación (GGA), donde persisten desacuerdos en torno a los arreglos institucionales y a los medios de implementación. En este contexto, insistimos en la necesidad de participar de manera directa en los espacios donde se toman decisiones sobre adaptación, financiamiento y resiliencia climática.

Tecnologías indígenas y conocimientos tradicionales

Otro de los avances importantes fue el inicio de las discusiones sobre un programa de trabajo orientado a incorporar las tecnologías y los conocimientos de los Pueblos Indígenas en las respuestas al cambio climático. Aunque persisten desafíos en torno a la definición y al alcance de estas tecnologías, se abrió un proceso de contribuciones escritas que nos permitirá presentar propuestas concretas para fortalecer el reconocimiento de los conocimientos, las innovaciones y las prácticas tradicionales de los Pueblos Indígenas.

Consideramos que este proceso representa una oportunidad para visibilizar los aportes de los sistemas de conocimiento indígena en la conservación de la biodiversidad, la gobernanza territorial, la adaptación y la construcción de soluciones climáticas basadas en la naturaleza.

Financiamiento climático y transición energética

Las negociaciones también estuvieron marcadas por intensos debates sobre financiamiento climático. En ese escenario, los llamados países en desarrollo insistieron en que los países desarrollados deben cumplir sus compromisos históricos de apoyo financiero, transferencia tecnológica y fortalecimiento de capacidades, condición indispensable para avanzar en acciones climáticas ambiciosas y con criterios de justicia.

Al mismo tiempo, continuaron las discusiones sobre la transición fuera de los combustibles fósiles. Frente a este debate, reiteramos que cualquier transformación energética debe respetar los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas, evitar falsas soluciones climáticas y garantizar la participación efectiva de los pueblos y territorios directamente afectados.

Fortalecer la incidencia indígena frente a la COP31

La primera semana de negociaciones confirma que seguimos consolidando un lugar propio en la gobernanza climática internacional. Al mismo tiempo, pone en evidencia la necesidad de fortalecer la articulación regional e internacional para incidir con mayor eficacia en asuntos estratégicos como la adaptación, el financiamiento climático, la transición justa, las pérdidas y daños y la mitigación.

Para la CNTI, la defensa de los territorios indígenas sigue siendo una condición esencial para enfrentar la crisis climática global. Por ello, continuamos impulsando el reconocimiento integral de los derechos territoriales, la protección de los sistemas de gobierno propio y la participación efectiva de los Pueblos Indígenas en todos los espacios de decisión que definirán el rumbo de la acción climática mundial.

 

¡Defender los territorios es defender la vida!

 

El agua: las venas que conectan el territorio

El agua: las venas que conectan el territorio

Para los Pueblos Indígenas, el agua no es un recurso sometido al mercado ni una simple fuente de aprovechamiento económico. Es vida, memoria, vínculo espiritual, conocimiento y territorio. En ella reconocemos una comprensión profunda del mundo, donde ríos, lagunas, nacimientos, quebradas, humedales y mares sostienen no solo la existencia material de los pueblos, sino también las formas propias de gobierno, las prácticas de cuidado y la relación con la Madre Tierra.

El agua ocupa un lugar central en nuestros sistemas de conocimiento indígena porque conecta la vida en todas sus dimensiones. No separa naturaleza y sociedad, ni divide lo material de lo espiritual. Donde corre el agua, corre también la memoria de los pueblos, la historia de sus orígenes, la enseñanza de los mayores y la continuidad de las prácticas que hacen posible la pervivencia. Por eso, cuando hablamos del agua, no hablamos solo de consumo o abastecimiento. Hablamos de una trama viva que ordena el territorio y que permite que cada ser, cada espacio y cada relación conserven su sentido.

Desde esta visión, el agua ocupa un lugar central en la vida de los Pueblos Indígenas, porque expresa el orden natural del territorio, el gobierno propio y la espiritualidad. Marca recorridos, conecta espacios, sostiene la biodiversidad, orienta los usos tradicionales y hace posibles actividades esenciales para la permanencia y pervivencia física, cultural y espiritual.

Allí donde hay agua hay también sistemas de aprendizaje ancestral, transmisión de saberes, lectura del territorio y prácticas de cuidado. No es casual que muchos pueblos nombren el agua como venas del territorio: porque, así como las venas sostienen la vida en el cuerpo, las aguas sostienen la vida en el espacio ancestral.

Esta comprensión entra en tensión directa con un modelo económico y político que insiste en convertir el agua en mercancía, en fuente de energía sin consulta, en soporte de actividades extractivas o en infraestructura sometida exclusivamente a criterios de rentabilidad. Esa lógica desconoce que el agua no puede separarse del territorio ni de los pueblos que ancestralmente la hemos cuidado.

Cuando se contamina una fuente, se represan ríos, se destruyen nacimientos o se alteran humedales y lagunas, no solo se afecta un ecosistema. Se agreden formas de vida, se interrumpen relaciones culturales y espirituales y se profundiza el despojo territorial. Se interrumpen los ciclos que sostienen la siembra, la alimentación y la transmisión del conocimiento. Se debilita la relación espiritual con los lugares que orientan la vida colectiva y se rompe una parte esencial del equilibrio territorial. Cuando el agua se enferma, también se enferma el territorio, y con él, la posibilidad misma de seguir existiendo como pueblos.

Frente a ese panorama, insistimos en que la protección del agua exige el reconocimiento efectivo de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas. No basta con discursos de conservación ni con programas aislados si al mismo tiempo continúan la imposición de proyectos, la inseguridad jurídica, el debilitamiento del gobierno propio y la exclusión de los pueblos de las decisiones sobre sus territorios.

Defender el agua implica garantizar autonomía, participación efectiva y respeto por los sistemas de conocimiento que la han cuidado durante generaciones. Donde el agua sigue viva, también persiste la posibilidad de la memoria, del equilibrio y de la continuidad de los pueblos. Cuidarla no es una tarea complementaria: es una condición para la vida. Y defender los territorios donde nacen, fluyen y se renuevan las aguas no solo protege el presente y el futuro de los Pueblos Indígenas, sino también la continuidad de la vida para toda la humanidad.

¡Defender los territorios es defender la vida!

Rechazamos los hechos de violencia e intimidación contra la comunidad Iwitsulibo del Pueblo Sikuani y exigimos garantías para la protección de su territorio ancestral

Rechazamos los hechos de violencia e intimidación contra la comunidad Iwitsulibo del Pueblo Sikuani y exigimos garantías para la protección de su territorio ancestral

Desde la Comisión Nacional de Territorios Indígenas – CNTI expresamos nuestra profunda preocupación y rechazamos de manera categórica los hechos de violencia, intimidación y vulneración de los derechos territoriales ocurridos el día 8 de junio de 2026 contra la comunidad indígena Iwitsulibo del Pueblo Sikuani, ubicada en el municipio de Puerto Gaitán, Meta.

De acuerdo con la información suministrada por las Autoridades Indígenas y Organizaciones acompañantes, un grupo de personas ingresó al territorio donde se encuentra la comunidad, generando actos de hostigamiento, amenazas e intimidación que afectaron la tranquilidad, la integridad y las viviendas de las familias indígenas que habitan este espacio y mantienen con él una relación ancestral, cultural y espiritual.

Advertimos que estos hechos no constituyen un episodio aislado, sino que hacen parte de un proceso histórico y sistemático de afectación a los derechos territoriales del Pueblo Indígena Sikuani, particularmente en el municipio de Puerto Gaitán. Durante décadas, estas afectaciones se han manifestado a través del despojo de tierras, acumulación indebida de tierras, la transformación intensiva de ecosistemas estratégicos, las restricciones a la movilidad ancestral, las intimidaciones contra las Autoridades Indígenas y los obstáculos permanentes para la garantía efectiva de los derechos territoriales de las comunidades.

La gravedad de la situación se acentúa si se tiene en cuenta que recientes decisiones judiciales adoptadas en el marco de las acciones promovidas para la protección de los derechos territoriales del Pueblo Sikuani, se han reconocido afectaciones al derecho al libre tránsito, al acceso al territorio ancestral y a otros derechos fundamentales relacionados con su pervivencia física y cultural.

Sin embargo, las amenazas, restricciones de acceso, actos de intimidación y denuncias sobre afectaciones ambientales continúan poniendo en riesgo la vida, la integridad, la autonomía y la permanencia de las comunidades indígenas en sus territorios. Esta situación evidencia la necesidad de una actuación inmediata, efectiva y coordinada por parte de las autoridades competentes.

Por lo anterior, desde la CNTI exigimos a la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, el Ministerio del Interior, la Agencia Nacional de Tierras, la Unidad Nacional de Protección, la Gobernación del Meta y la Alcaldía de Puerto Gaitán adoptar de manera urgente para esclarecer los hechos denunciados, identificar a los responsables, garantizar la seguridad de las Autoridades Indígenas y de las familias afectadas, y prevenir la repetición de nuevos actos de violencia o intimidación.

Desde la CNTI expresamos nuestra solidaridad con la comunidad Iwitsulibo y con las demás comunidades del Pueblo Indígena Sikuani que continúan defendiendo sus territorios ancestrales. La defensa del territorio es una condición fundamental para garantizar la vida, la dignidad, la autonomía y la pervivencia física y cultural de los Pueblos Indígenas.

¡Defender los territorios es defender la vida!

Desde Bonn Alemania fortalecemos la incidencia indígena en la agenda internacional de cambio climático

Desde Bonn Alemania fortalecemos la incidencia indígena en la agenda internacional de cambio climático

En el marco del Caucus Indígena realizado los días 6 y 7 de junio en Bonn, Alemania, como espacio preparatorio para las sesiones SB64 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los Pueblos Indígenas de las siete regiones socioculturales del mundo nos reunimos para evaluar las apuestas y rutas de incidencia que venimos impulsando en la agenda climática internacional.

Durante estas jornadas compartimos balances sobre avances, retos y resultados en asuntos clave como adaptación, mitigación, transición energética y pérdidas y daños, reafirmando la necesidad de sostener una voz propia y articulada en escenarios donde se toman decisiones que afectan directamente la vida y los territorios.

Posteriormente, en el marco de la sesión SBSTA 64, que se desarrolla en Bonn del 8 al 18 de junio, seguimos posicionando esa agenda desde una perspectiva de derechos. El Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico de la CMNUCC es uno de los espacios donde se discuten asuntos estratégicos sobre mitigación, adaptación, financiación y pérdidas y daños.

Por ello, nuestra presencia no puede ser marginal ni simbólica. Allí insistimos en que los derechos de los Pueblos Indígenas, la participación plena y efectiva, las garantías para las mujeres indígenas y la defensa del territorio deben quedar incorporados de manera real en las decisiones internacionales sobre cambio climático.

La presencia de los Pueblos Indígenas en estos espacios responde a una razón de fondo: el territorio es la base material, cultural y espiritual desde la cual se sostienen las respuestas frente a la crisis climática. No se trata solamente de aportar testimonios o experiencias locales. Se trata de reconocer que nuestros sistemas de conocimiento, formas de gobierno propio y sistemas de vida son fundamentales para construir respuestas reales, integrales, justas y sostenibles frente a la crisis climática y pérdida de biodiversidad.

Cuando no existe la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas, las decisiones internacionales corren el riesgo de reproducir exclusiones, imponer soluciones ajenas a los territorios y profundizar desigualdades ya existentes. Por eso insistimos en que la participación indígena debe tener incidencia efectiva en la definición de posiciones, compromisos y rutas de implementación. No puede haber política climática legítima si se construye sin los pueblos que cuidamos los territorios esenciales para la vida.

También reiteramos que la financiación climática debe llegar de manera directa a los pueblos y comunidades. No basta con enunciar compromisos globales si los mecanismos de implementación excluyen nuestras prioridades, nuestras propuestas y nuestras capacidades territoriales. La financiación directa es una condición necesaria para que las respuestas indígenas no queden subordinadas a intermediaciones externas ni reducidas a papeles secundarios dentro de las acciones globales sobre clima y biodiversidad. Garantizar esa financiación es también reconocer la legitimidad política y técnica de los pueblos en la construcción de soluciones.

Desde Bonn reafirmamos que la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas en la agenda internacional de cambio climático y biodiversidad es una condición necesaria para alcanzar decisiones justas, incluyentes y coherentes con la protección integral de los territorios. Seguiremos insistiendo en que no puede hablarse de transición, adaptación o resiliencia sin derechos territoriales efectivos, sin participación vinculante y sin reconocimiento real de los sistemas de vida que ancestralmente han sostenido el equilibrio entre los pueblos y la Madre Tierra.

¡Defender los territorios es defender la vida!

No más despojo en nombre del desarrollo: defender los océanos es defender la vida

No más despojo en nombre del desarrollo: defender los océanos es defender la vida

En el marco del 8 de junio, Día Internacional de los Océanos, reafirmamos que para los Pueblos Indígenas los océanos no son un recurso ni una mercancía. Son territorio, memoria, cultura y espíritu. Son espacios vivos que cuidamos y defendemos porque en ellos se sostienen relaciones profundas con la vida, con la ancestralidad y con los sistemas de conocimiento que orientan nuestra existencia colectiva. Desde esta comprensión, el mar no puede ser reducido a una fuente de explotación ni a una superficie disponible para intereses económicos externos.

Para nosotros, los océanos son territorios ancestrales. No son solo agua. Son caminos de origen, espacios sagrados y territorios vivos. En ellos habitan fuerzas, memorias y relaciones que orientan la vida de los pueblos. Por eso nuestros vínculos con el mar no son comerciales. Son espirituales, culturales y políticos. Esa relación de respeto explica por qué no hablamos únicamente de uso o aprovechamiento, sino de cuidado, equilibrio y responsabilidad frente a la vida que allí se sostiene.

Los océanos tienen una importancia decisiva para el planeta. Cubren más del 70 % de la superficie de la Tierra, producen alrededor del 50 % del oxígeno que respiramos y son esenciales para la biodiversidad y para la alimentación y los medios de vida de más de 3.000 millones de personas. Por eso, cuando hablamos del océano, no hablamos de un asunto marginal. Hablamos de una base material y ecológica sin la cual no hay estabilidad climática, ni equilibrio planetario, ni futuro posible para la vida.

Sin embargo, esa vida está en riesgo. La contaminación, la explotación intensiva, la pesca indiscriminada, el calentamiento del océano y el deterioro acelerado de los ecosistemas marinos profundizan una crisis que ya tiene consecuencias globales. Las Naciones Unidas y la UNESCO han advertido que el océano enfrenta daños severos por la contaminación, la sobreexplotación y la crisis climática, mientras miles de millones de personas dependen directamente de su salud ecológica. Detrás de esta situación no hay hechos aislados. Hay un modelo que convierte la vida en mercancía y que pretende imponer el despojo en nombre del desarrollo.

Reiteramos que no se explota lo que se cuida. No se destruye lo que permite respirar, alimentarse y sostener la vida. No hay océanos vivos sin pueblos que los cuiden y defiendan. Por eso rechazamos las industrias extractivas y las formas de ocupación que arrasan territorios, contaminan la Madre Tierra y desplazan comunidades en nombre de una idea de progreso que desconoce derechos, autonomías y vínculos ancestrales con el mar. La protección de los océanos exige reconocer que son territorios de vida y que su defensa pasa por respetar a los pueblos que históricamente han sostenido relaciones de cuidado con ellos.

Desde este día reafirmamos que defender los océanos también es defender los territorios, la autonomía y la continuidad de los pueblos. No habrá protección real del mar si continúan el despojo, la exclusión y la imposición de modelos que rompen la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Sin océanos vivos no hay mañana posible. Y sin pueblos que los cuiden, tampoco.

¡Defender los territorios es defender la vida!

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